30 mayo 2020

Leo el diario anónimo de J.A.V desde hace algunos meses. Algunas de sus reflexiones forman ya parte de La batalla por el lenguaje. Recuerdo que me costó mucho encontrarlo, al final lo pude comprar en una librería por correspondencia porque estaba agotado en todas partes. Me enviaron un ejemplar que no había podido ser vendido seguramente porque le faltaban los últimos años, y en el lugar de esos años -que me interesaban especialmente- estaba el prólogo de S.R repetido. Dude algunos días en devolverlo; por pereza y porque sabía que si lo hacía pasaría un tiempo largo en poder leerlo... no lo hice. No me arrepiento, porque ha sido un compañero durante este duro invierno y rara primavera. Además que el libro no acabe con su muerte sino con un eterno retorno me hace sonreir.

25 mayo 2020

cuarenta y tres aniversario. espero respuesta de varias editoriales que me han mostrado su interés por La batalla por el lenguaje..... si los tiempos eran malos para la edición, imagino que ahora no  pueden ser peores... Reflexiones sobre Christa T. (1968) de Christa Wolf en el diario de J.A.V el 15 de septiembre de 1990: "En un momento de la vida, en el momento justo, es necesario haber podido creer en lo imposible".

30 diciembre 2019

Antes de comenzar a escribir poemas en mi adolescencia, o de volcar mas tarde esa «forma de mirar las cosas » -o tal vez debería decir de escucharlas-, en mis fotografias o en mis peliculas: era ya consciente del poder de la razón poética? Y si me pregunto por la idoneidad del término « consciente » es, que no estoy seguro de que  haga justicia a esa sensación o pre-sentimiento primitivo o arquetipal, que nos pone en contacto con una verdad siempre antes de que  ésta se haya manifestado de algun modo « consciente ». Desde muy temprano me di cuenta de que esa forma de sentir y celebrar el mundo, me proporcionaba experiencias muy placenteras; que para un muchacho sensible e intimidado por la vilolencia del mundo de los adultos –de sus conflictos-, esa aprehensión de la realidad me permitió no caer en la locura. Ese sentir poético de la vida, ayudó a esa mente confundida de aquel niño, a sobrellevar la culpabilidad de estar vivo con una cierta dignidad. Les cuento todo esto porque ese « mirar poético del mundo », vino a mí sin haber leído un solo poema. Los libros de poesía, los ensayos sobre poética que los aprecié tanto o más que los primeros llegaron más tarde. Mi comunión poética del mundo llego por el roce con aquellos miembros de la comunidad que portaban y compartían ese imago mundi. 

29 noviembre 2019

El sol pena, se arrastra por la mucosidad matinal, por los muros húmedos y aceras... yo lo espero, sus rayos como dedos amarrados al alféizar de la ventana. Por fin calienta mi rostro, puedo respirar.

27 noviembre 2019

Brest. Pronto noventa días bajo una lluvia capaz de volver loco al más sensato. Termino mi ensayo sobre el pensamiento poético como vector importante de deconstrucción de un lenguaje secuestrado por el capital, por el discurso gerencial. Después de un maravilloso verano atravesando Francia y España por carreteras secundarias, la llegada del otoño ha sido brutal, un gusto ácido en la boca de derrota atraviesa nuestras percepciones y nuestros pensamientos. Es casi insoportable observar la demolición del sistema social francés, de la crueldad de estos nuevos planet managers. La sociedad se revuelve pero el tiempo siempre corre a favor del poder y de sus comodidades.

03 febrero 2019

Un domingo cualquiera de Febrero.

Han pasado años desde que abandoné este diario, incluso si siempre he tenido las ganas de hablarle de nuevo. Me parece que la última vez que escribía en estas páginas líquidas aún vivía en París. Decidimos marcharnos  au bout du monde, a una ciudad conradiana llamada Brest. Ya volveré imagino sobre esto, si logro tener una cierta regularidad en estos escritos para comentar esta decisión. Por ahora simplemente estas palabras antes de salir al mercado, un nuevo caro diario para afirmar que estoy aquí presente una vez más.

07 marzo 2015

Nos quieren cortar las líneas de vida, aquellas que desbordan de contenido, e imponernos espacios concentracionales de silencio. Lugares marciales para trabajos forzados donde el miedo nos aparte el uno del otro. Lugares sin nombres, gobernados por simulacros de hombres y palabras y tareas que hacen daño y que no miran recto. Trabajadores aterrorizados que lo pierden todo; la cara, los brazos, el corazon y hasta la foto del bolsillo. Lineas de vida que se extendieron hasta nosotros, tan frágiles.   

20 noviembre 2013

Sobre el viaje. Yo viví una generación, que recibió una idea un tanto estereotipada del viaje. En los años ochenta "viajar"  se parecía cada vez más a hacer turismo, tendencia que no hizo que extenderse en el fin de siglo. La idea de San Juan de perderse -viajando físicamente o psicotrópicamente, o los dos- para encontrarse, que había estructurado tanto los años libertarios de finales de los 60 y 70, fue reemplazada poco a poco por una idea consumerista, que dejaba atrás la vieja noción de "conocimiento", de "conocer lugares nuevos" con todo el trajín existencial que conllevaban tales aventuras... Para consumirlos. Viajar en los ochenta se convirtió en una empresa conformista alejada de todo romanticismo y rebelión, para volverse una nueva forma de comercialización del espíritu. Y con la aparición de los club Med y compañía una nueva forma de alienación y explotación tout simplement. Lo que nos quedó, y esto es algo que todavía sigue teniendo un ligero atractivo, fue la idea de partir para no encontrarme, o mejor aún de escaparme. De vivir en otro lugar para devenir "otro", no enseguida, no completamente, pero bastaba el fantasma y esos pequeños cambios superficiales y el comienzo de una historia -quizás en otro idioma, con otro lenguaje nuevo-. Viajar con la esperanza de no retornar daba al movimiento fronterizo un cierto sentido. Así la dimensión espacial -a dónde vamos- era lo menos importante, y la dimensión temporal -cuánto tiempo partimos- tomaba todo el interés. Y si no era mucho el tiempo, había que vivir la travesía con la intensidad de un éxodo, preparados en todo momento a abandonarlo todo, a olvidar todo lo que quedaba atrás. De tal manera que un día pudiéramos afirmar "yo viví allí, y dejé de ser uno de vosotros, para ser un extranjero para mí mismo".

16 octubre 2013

Después de siete años de servicio irreprochable he decidido cambiar de computadora. Si bien marchaba perfectamente, la imposibilidad de actualizar ciertos programas me hizo tomar la decisión de comprar un nuevo aparato. Para mi sorpresa los viejos programas ya no sirven, y mi nuevo ordenador se parece más a un teléfono último modelo que a un computador. Pero lo que más me sorprende, es la cantidad de veces -más o menos cada vez que "abro" o instalo un programa- que mi computadora me pide comunicar mis contactos y mis datos personales a no sé qué entidad diferente. Hoy leo un artículo de Pratap Chatterjee que dice: El Estado de vigilancia está tan profundamente entretejido en nuestros artefactos de datos que ni siquiera le respondemos a gritos porque las compañías de tecnología nos han convencido de que tenemos que estar conectados a ellas para ser felices. Aceptamos decenas de "condiciones de utilización" o contratos con programas o páginas de internet sin tomarse el tiempo de leerlas, porque sabemos que no podemos vivir sin ellas -¿podemos?; y que si supiéramos realmente lo que firmábamos no lo haríamos. Me digo que fue una lástima que me pillara tarde la informática. Mi primer verdadero ordenador lo tuve a los veinticinco años -se imaginan-; porque de lo contrario me hubiera metido a eso del Lynux que parece más libre y agradable. Y es que no me ruboriza admitirlo, que empieza a molestarme que haya gente que no me conoce de nada y que estén tan interesados en saber con qué me masturbo o con qué ideas políticas me identifico. A todos ellos que me estarán leyendo, un gran FUCK YOU. Permítanme que utilice la lengua de Shakespeare para enviarles al carajo. Y pensarlo bien cuando estén en las salas de descanso de sus empresas y nadie hable con nadie porque están mirando sus teléfonos, o el ruido de un mensaje o un email les levante de la mesa mientras comen con su familia, o estén leyendo un libro, sino merecería más la pena tirar toda esta mierda al retrete y tirar de la cadena. Lo digo, porque yo me lo pregunto. ¿Y tú? En todo caso vivamos nuestras vidas virtuales o no, de tal manera que escandalicen a estos grises voyeurs.... Que se den cuentan que tenemos más relieve que esta mustia existencia que nos proponen estos controladores de tres al cuarto. Y bajemos a cantar lo no cantable, propongamos al fin un edipo al enigma, un trompo al justiciero general de a caballo, una falsa nariz al inocente, pan al avaro, risa al cejijunto, al astado burócrata una enjuta ventana con vistas al crepúsculo, al rígido bisagras, llanto al frívolo, gladiolos al menguado, tenues velos al firme, un ángel mutilado al siempre obsceno, falos de purpurina a las dulces señoras.....


y soltemos al gato con latas en el rabo......

15 octubre 2013

Lampedusa, Atenas, Moscú, Brignoles, Ceuta y Melilla.... El poder está despertando un monstruo, reviviéndolo una vez más como hicieron en el pasado. Dividiendo a los hombres por el odio. Leo justamente hoy a Vicenç Navarro:

En realidad, si miramos la evolución económica, relacionándola con la política, vemos que Hitler salió elegido en 1933. Y lo que caracterizó el periodo pre 1933 no fue una elevada inflación, sino una enorme depresión económica, acompañada y causada, en parte, por las enormes políticas de austeridad que se estaban imponiendo y que crearon una enorme destrucción de puestos de trabajo (seis millones) y una gran insatisfacción y enfado popular con el establishment político del país, algo semejante a lo que está ocurriendo ahora en la periferia de la Unión Europea. Y en esta depresión, como acentuaba Taylor, había deflación, lo contrario a la inflación.

Me preocupa la permeabilización del modelo totalitario que comenzó primero en nuestras empresas y relaciones de trabajo con lo que llaman neomanagement y que ahora inunda gota a gota nuestro cuerpo social. Me temo que vamos hacia un conflicto mayor y que éste, está siendo provocado y teledirigido por el poder financiero global;  para desactivar así lo creo, un descontento que viene alumbrando nuevas formas de solidaridad, con reclamos de (más) democracia directa que son inquietantes para aquellos que dirigen el planeta. Estas nuevas estrategias de inocular el odio y el fascismo entre nosotros, con el fin de dividir gentes que comparten destinos paralelos y que luchando juntos podrían comprometer el establishment; es una vieja treta utilizada mil y una vez en el pasado y siempre con un coste desmesurado de vidas humanas. Provocar que la violencia y la rabia estalle entre los oprimidos, para que los opresores vengan una vez más al rescate y nos impongan ese cambio de modelo tan esperado por todos a su conveniencia, sin contar una vez más con nuestra voz, es el argumento de una obra que se repite históricamente. La pregunta entonces es: ¿caeremos de nuevo en la trampa? Los medios, la fuerza y la inmoralidad con la que se mueve el poder en general no me permite ser optimista,   son argumentos a los que solo podemos contraponer el número. Pero quizás esta vez.... quién sabe.



12 octubre 2013

El fantasma puede ser el motor de una obra, pero muchas veces es su perdición.

25 agosto 2013


Elegí vivir, y para ello debí apartarme antes de aquellos que nos limitaban. Después deshacerme de la culpabilidad de no dar a una tarea cualquiera la importancia de una existencia...  Escribir, bailar, fotografiar, trabajar... Estos verbos debían ser solo experimentos con la sola utilidad de permitir una reconstruccion, de posibilitar la realización de lo improbable. Podría haber sido sin duda un digno escritor o fotógrafo, o vendedor o sindicalista.... Pero decidí serlo solo por un tiempo, decentemente, esperando que algunas de estas cosas que nos definen no tomaran la parte por el todo. Renunciando a devenir nada en su totalidad, porque nada podía ser si no era de este modo.
Pronto asumí esta forma de desperdicio como el gesto más insurrecto de mi existencia. Éste era sincero y profundo. Renunciando a devenir nada, para engendrar los espacios necesarios para poder hacerlo todo. Sufriendo e incluso a veces disfrutando de lo común. Devenir nada en su totalidad, así es, como le gustaba  repetir a Yourcenar: "salvando solo el fuego de mi casa ardiendo". Como a un funanbulista que no hubiera acción que le interesase, si su realización sobre el alambre no fuera parte de un legado existencial.